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Francisco en el Báltico: un viaje de la memoria al futuro

Francisco en el Báltico: un viaje de la memoria al futuro

(Jesús Bastante).- Francisco ya vuela de regreso a Roma, después de cuatro días intensos en los que ha pronunciado 18 discursos, y ha recorrido tres países, unidos por la memoria del sufrimiento y la esperanza en el futuro, pero muy distintos entre sí: Lituania, Letonia y Estonia.

Pocos minutos después de las cinco de la tarde, el vuelo de Air Baltic partía del aeropuerto de Tallín. Ha sido un viaje intenso, el primero después del escándalo Viganò (que se produjo, curiosamente, al final de la visita a Irlanda), y cuyo comienzo pareció verse desdibujado por un anuncio histórico: el acuerdo Roma-Pekín para la designación común de obispos, el primer paso para el restablecimiento total de relaciones entre China y el Vaticano.



A falta de conocer el contenido de la siempre interesante rueda de prensa en el vuelo papal, hay que decir que el viaje ha sido un rotundo éxito. En lo personal, se ha visto a un Papa relajado, sonriente y en plena forma; en lo eclesial, con tres misas multitudinarias y discursos emotivos y con una fuerte carga de intencionalidad -sus palabras ante los jóvenes en Tallín resultan imprescindibles para entender lo que pasará en elpróximo Sínodo sobre la Juventud-; en lo político, con un llamamiento a la acogida, la tolerancia y el respeto frente a los crecientes pensamientos xenófobos y excluyentes que amenazan a Europa.

Y es que Lituania, Letonia y Estonia son fiel reflejo de la recuperación de unas sociedades que sufrieron la persecución, el destierro o el exterminio a manos de los dos grandes regímenes totalitarios del siglo XX: el nazismo y el comunismo. Los países bálticos son ejemplo de memoria que construye el futuro, y a eso se dedicó el Papa en buena parte de sus discursos: vincular la memoria del sufrimiento, la sabiduría de los mayores, con el impulso de la juventud, de la tecnología y al respeto del medio ambiente.


Encuentro ecuménico en Riga                             Osservatore Romano


Un viaje que sirvió para recordar que, pese a los adelantos técnicos, aún es necesaria la cercanía, la proximidad con el que sufre. Y para reconocer que, en muchos rincones del mundo, incluso en el Viejo Continente, la influencia de la Iglesia católica está desapareciendo. Estonia es piedra de toque en este punto, y por ello Francisco eligió el encuentro ecuménico de jóvenes en Tallín para comprometerse a construir una Iglesia que escuche, esté al tanto de los sueños y las dificultades del mundo en que vive, y continúe construyendo sociedad. Con la memoria del pasado, pero la mirada puesta en el futuro.

Concluye una visita que ha servido para que Francisco 'cargue pilas' de cara a un mes de octubre que se presenta fascinante. El sábado 3 de octubre, con la inauguración del Sínodo; y el 14, con la canonización de los que, sin lugar a dudas, serán los santos de su pontificado: Pablo VI y Óscar Romero. Ambos, modelos del pastor cercano y atento que necesita la Iglesia para responder a los desafíos de un mundo global y necesitado de la "revolución de la ternura".



#PapaFrancesco all'aeroporto di Tallinn sale su aereo al termine del viaggio nei Paesi Baltici

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— Tv2000.it (@TV2000it) 25 de septiembre de 2018


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