Pro Francisco

Francisco pide paz "a la martirizada Siria" e implora "que las armas callen definitivamente"

Francisco pide paz

(Jesús Bastante).- "«Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado»: es el «Príncipe de la paz». Acojámoslo". La bendición Urbi et Orbi
es uno de los momentos más importantes de la vida en el Vaticano. Desde
el balcón de las bendiciones, el mismo que utilizó para, hace casi
cuatro años, saludar a los fieles después de ser elegido Papa, Francisco
impartió la indulgencia plenaria "a la ciudad y al mundo" ante una plaza de San Pedro absolutamente abarrotada.


Desde el centro de la Cristiandad, y tras escuchar los himnos pontificios y de Italia, Francisco saludó a todos los fieles del mundo.
Lo hizo únicamente en italiano, como viene siendo tradición en este
Pontificado. En tiempos de Juan Pablo II y Benedicto, se llegaron a
utilizar casi medio centenar de lenguas, lo que hacía más universal ,
pero también más tediosa la retransmisión.


Las palabras del Papa fueron un canto a la paz, "en este día lleno de
luz". El poder de Jesús "hijo de Dios y de María, no es el poder de
este mundo, basado en la fuerza y la riqueza Es el poder del amor, el
que creó el Cielo y la Tierra, que da vida a cada criatura, a los
minerales, a las plantas, a los animales". Es la fuerza "que perdona las culpas, reconcilia a los enemigos, transforma el mal en bien, es el amor de Dios".


Un amor que hizo que el Dios se hiciera pequeño y "que le conducirá a
dar su vida en la cruz y a resucitar de entre los muertos", con su
poder, "el poder del servicio, que instaura en el mundo en Reino de
Dios, reino de Justicia y de Paz".


 



 


El anuncio del nacimiento del niño Dios "quiere llegar a todos los pueblos, especialmente los golpeados por la guerra y conflictos violentos, y que sienten fuertemente el deseo de la paz".


Y Francisco desgranó todos los conflictos que desangran el mundo en
esta tercera guerra mundial a pedazos que vivimos. Y comenzó, como no
podía ser de otra manera, por la "martirizada Siria, donde ha
sido derramada demasiada sangre, sobre todo en la ciudad de Alepo,
escenario en las últimas semanas de una de las batallas más atroces".


Frente a ello, clamó, "es muy urgente que se garantice asistencia y consuelo a la extenuada población civil, que se encuentra en una situación de miseria y sufrimiento. Es tiempo de que las armas callen definitivamente, y la comunidad internacional se comprometa a una solución negociada, y se restablezca la convivencia civil en el país".


También para Tierra Santa, "elegida y predilecta por Dios". "Que los israelíes y palestinos tengan la valentía y determinación de escribir una nueva página de la Historia,
en la que el odio y la venganza cedan el lugar a un futuro de recíproca
comprensión y armonía", pidió Francisco. También para Irak, Libia o
Yemen.


Y África. "Particularmente en Nigeria, donde el terrorismo fundamentalista explota incluso a los niños para perpetrar el horror y la guerra". También en Sudán del Sur, y en Congo donde, rogó, se logre "preferir la lógica del diálogo a la del enfrentamiento". Ucrania, Myanmar, Colombia, "que desea cumplir un nuevo y valiente camino de reconciliación". También en "la amada Venezuela,
para dar los pasos necesarios para poner fin a las tensiones actuales y
edificar conjuntamente una sociedad nueva". Y al avispero de las dos Coreas.


 


 



 


Paz frente al terrorismo, paz "a los que han sido heridos o han perdido a un ser querido por viles actos de terrorismo que
han sembrado miedo y muerte en el corazón de tantos países y ciudades".
Una paz que no se quede en meras palabras, sino que se transforme en
"una eficaz y concreta" ayuda "a nuestros hermanos y hermanas
abandonados y excluidos, a los que sufren hambre y violencia".


"Paz a los prófugos, a los inmigrantes y refugiados, a los que
son objeto de la trata de personas; a los pueblos que sufren la
avaricia voraz del dios dinero, que lleva a la esclavitud; a los que están marcados por el mal social; a los que sufren las consecuencias de terremotos u otras catástrofes", continuó.


Y a los más pequeños. "En este día especial en el que Dios se hace
niño, sobre todo a los privados de la alegría de la infancia a causa de
la guerra, el hambre y el egoísmo de los adultos
". Paz, siempre
paz, "a todos los hombres de buena voluntad, que cada día trabajan con
discreción y paciencia por construir en la familia y la sociedad un
mundo más humano y más justo". "Solo con la paz es posible un futuro más próximo para todos",
concluyó Francisco, antes de impartir la ansiada bendición a los
presentes, y a los que siguieron, o siguen, la retransmisión por los
medios de comunicación y las redes sociales.


 



 


Texto en castellano:


 



Queridos hermanos y hermanas, feliz Navidad.
Hoy la Iglesia revive
el asombro de la Virgen María, de san José y de los pastores de Belén,
contemplando al Niño que ha nacido y que está acostado en el pesebre:
Jesús, el Salvador.
En este día lleno de luz, resuena el anuncio del Profeta:
«Un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado:
lleva a hombros el principado, y es su nombre:
Maravilla del Consejero,
Dios guerrero,
Padre perpetuo,
Príncipe de la paz» (Is 9, 5).
El
poder de un Niño, Hijo de Dios y de María, no es el poder de este
mundo, basado en la fuerza y en la riqueza, es el poder del amor. Es el
poder que creó el cielo y la tierra, que da vida a cada criatura: a los
minerales, a las plantas, a los animales; es la fuerza que atrae al
hombre y a la mujer, y hace de ellos una sola carne, una sola
existencia; es el poder que regenera la vida, que perdona las culpas,
reconcilia a los enemigos, transforma el mal en bien. Es el poder de
Dios. Este poder del amor ha llevado a Jesucristo a despojarse de su
gloria y a hacerse hombre; y lo conducirá a dar la vida en la cruz y a
resucitar de entre los muertos. Es el poder del servicio, que instaura
en el mundo el reino de Dios, reino de justicia y de paz.
Por esto el nacimiento de Jesús está acompañado por el canto de los ángeles que anuncian:
«Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que Dios ama» (Lc 2,14).
Hoy
este anuncio recorre toda la tierra y quiere llegar a todos los
pueblos, especialmente los golpeados por la guerra y por conflictos
violentos, y que sienten fuertemente el deseo de la paz.
Paz a los
hombres y a las mujeres de la martirizada Siria, donde demasiada sangre
ha sido derramada. Sobre todo en la ciudad de Alepo, escenario, en las
últimas semanas, de una de las batallas más atroces, es muy urgente que
se garanticen asistencia y consolación a la extenuada población civil,
respetando el derecho humanitario. Es hora de que las armas callen
definitivamente y la comunidad internacional se comprometa activamente
para que se logre una solución negociable y se restablezca la
convivencia civil en el País.
Paz para las mujeres y para los hombres
de la amada Tierra Santa, elegida y predilecta por Dios. Que los
Israelís y los Palestinos tengan la valentía y la determinación de
escribir una nueva página de la historia, en la que el odio y la
venganza cedan el lugar a la voluntad de construir conjuntamente un
futuro de recíproca comprensión y armonía. Que puedan recobrar unidad y
concordia Irak, Libia y Yemen, donde las poblaciones sufren la guerra y
brutales acciones terroristas.
Paz a los hombres y mujeres en las
diferentes regiones de África, particularmente en Nigeria, donde el
terrorismo fundamentalista explota también a los niños para perpetrar el
horror y la muerte. Paz en Sudán del Sur y en la República Democrática
del Congo, para que se curen las divisiones y para que todos las
personas de buena voluntad se esfuercen para iniciar nuevos caminos de
desarrollo y de compartir, prefiriendo la cultura del diálogo a la
lógica del enfrentamiento.
Paz a las mujeres y hombres que todavía
padecen las consecuencias del conflicto en Ucrania oriental, donde es
urgente una voluntad común para llevar alivio a la población y poner en
práctica los compromisos asumidos.
Pedimos concordia para el querido
pueblo colombiano, que desea cumplir un nuevo y valiente camino de
diálogo y de reconciliación. Dicha valentía anime también la amada
Venezuela para dar los pasos necesarios con vistas a poner fin a las
tensiones actuales y a edificar conjuntamente un futuro de esperanza
para la población entera.
Paz a todos los que, en varias zonas, están
afrontando sufrimiento a causa de peligros constantes e injusticias
persistentes. Que Myanmar pueda consolidar los esfuerzos para favorecer
la convivencia pacífica y, con la ayuda de la comunidad internacional,
pueda dar la necesaria protección y asistencia humanitaria a los que
tienen necesidad extrema y urgente. Que pueda la península coreana ver
superadas las tensiones que atraviesan en un renovado espíritu de
colaboración.
Paz a los que han perdido a un ser querido debido a
viles actos de terrorismo que han sembrado miedo y muerte en el corazón
de tantos países y ciudades. Paz -no de palabra, sino eficaz y concreta-
a nuestros hermanos y hermanas que están abandonados y excluidos, a los
que sufren hambre y los que son víctimas de violencia. Paz a los
prófugos, a los emigrantes y refugiados, a los que hoy son objeto de la
trata de personas. Paz a los pueblos que sufren por las ambiciones
económicas de unos pocos y la avaricia voraz del dios dinero que lleva a
la esclavitud. Paz a los que están marcados por el malestar social y
económico, y a los que sufren las consecuencias de los terremotos u
otras catástrofes naturales.
Paz a los niños, en este día especial en
el que Dios se hace niño, sobre todo a los privados de la alegría de la
infancia a causa del hambre, de las guerras y del egoísmo de los
adultos.
Paz sobre la tierra a todos los hombres de buena voluntad,
que cada día trabajan, con discreción y paciencia, en la familia y en la
sociedad para construir un mundo más humano y más justo, sostenidos por
la convicción de que sólo con la paz es posible un futuro más próspero
para todos.
Queridos hermanos y hermanas:
«Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado»: es el «Príncipe de la paz». Acojámoslo.


 



Después de la bendición



Dirijo mi felicitación a vosotros, queridos hermanos y hermanas, que
estáis en esta plaza provenientes de todas las partes del mundo, y
también a los que de diferentes Países estáis conectados a través de la
radio, la televisión y por otros medios de comunicación.
En este día
de alegría, todos estamos llamados a contemplar al Niño Jesús, que
devuelve la esperanza a cada hombre sobre la faz de la tierra. Con su
gracia, demos voz y cuerpo a esta esperanza, testimoniando la
solidaridad y la paz. Feliz Navidad a todos.



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